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En muchos de nosotros,  en cierto  momento de la vida, nace el impulso de salir fuera de nuestra rutina para tener una experiencia fuera de lo ordinario, tal vez mística o sublime. Yo me pregunto: ¿Cómo conecto con mi parte más iluminada y elevada?

 Muchos de mis amigos -yo incluido- hemos buscado todo tipo de experiencias, algunas renovadoras, otras ya medio ridículas…desde ir a un Temazcal en Tepoztlán para purificar el cuerpo y sentir a la “Pachamamama” hasta viajar miles de kilómetros al Nepal para buscar importantes Lamas Tibetanos, que nos transmiten su sabiduría sobre la meditación;  hay quien se pierde en locos viajes a la India en busca del Gurú anhelado. Ya más localmente hablando, me he lanzado ida y vuelta a Morelia para ver las reliquias Budistas; inclusive me fui casi a puro “raid” hasta un centro de retiros en Tulancingo, entre otras locuras juveniles.

 

¿En qué momento estas experiencias se pueden volver transformadoras, o simplemente son un medio más de entretenimiento? No estoy diciendo que sea malo entretenernos, podemos tomar cualquier actividad para refrescar nuestra mente y recargar pila para enfrentar los retos de nuestra rutina. Pero si no somos honestos en el hecho de que nuestra motivación es el entretenimiento, y únicamente buscamos sentirnos especiales, vamos a sufrir. Seguro.

 

Por ejemplo, cuando me vanaglorio con algún amigo de mi experiencia purificadora en el vientre de la Tierra durante un temazcal, desde la cual le mandé energía y luz hacia toda la tierra y mi amigo el banal simplemente me da el avión, no entiende lo profundo y espiritual que soy, y yo sufro… en ese momento, me doy cuenta que tal vez, solo tal vez, estaba turisteando espiritualmente. Pffff. ¿Qué tan espirituales podemos ser, si buscamos convencer a los demás de que somos muy espirituales? No mucho, seguramente.

 

Considero que el viaje espiritual tiene un contexto muy honesto. Uno no busca entretenerse ni sentirse especial. Uno está buscando una honesta respuesta a un llamado interno y está determinado a ir más allá de sus ideas y paradigmas para encontrar la respuesta.

 

Cuando estamos dispuestos a abandonar nuestra verdad y abrirnos a una verdad más amplia, puede ser que al principio, la experiencia sea linda…o espeluznante. No obstante, cuando la respuesta surge, poco a poco viene una sensación de apertura y tranquilidad en nuestra mente y corazón. Es entonces cuando entendemos de qué se trata aquello que hemos estado buscando. Si estas satisfecho y en paz, ya no necesitas que alguien te diga: ¡que espiritual te ves!, ¡Cuanta luz irradia tu ser! Simplemente estas satisfecho, feliz y en paz. Lo que los demás piensen deja de ser importante.

 Lo curioso del viaje espiritual es que cuando uno está receptivo, muchas veces parece que todo a nuestro alrededor nos está empujando a encontrar la respuesta. A veces en realidad parece que uno está en un viaje, haciendo los preparativos, encontrando señales místicas en nuestro  alrededor que nos dice que vamos bien. Pero todo está en nosotros, el mundo sigue exactamente igual, simplemente nosotros nos permitimos verlo de una manera diferente y la búsqueda nos da enfoques que no tuvimos antes.

 

Siendo terriblemente sinceros, tal vez encontremos una respuesta muy clara en algo muy cotidiano: mientras comemos, al ver una película, platicando con nuestro mejor amigo, meditando con nuestro querido guía espiritual o asistiendo a nuestro próximo y amado Bazar Buena Vibra. Aquí pasan dos cosas interesantes que hemos intentado integrar con la mayor honestidad posible: somos h